EL MERCADO I. EL PRECIO DE LA TENDENCIA

Es algo que influye en todas nuestras decisiones. Nos rodea en todo momento. Somos parte del mismo. Sin embargo, raro es que no sea observado desde fuera, como si nos viniese dado, como si no tuviésemos nada que ver con él; aunque de hecho cada día con cada una de nuestras decisiones le damos forma entre todos. Este artículo es el primero de una serie que dedicaremos a algo tan complejo como cotidiano: el Mercado.

Que nadie eche a correr, no vamos a hablar de profundos tecnicismos ni nada parecido, porque no estamos capacitados para ello, ni es el objetivo. En este primer episodio nos centraremos en estudiar desde nuestro punto de vista las tendencias del mercado, aquello que hace subir la demanda de un producto o servicio, en especial cuando esto se produce de forma súbita y aparentemente imparable; o dicho de otra forma: las modas. En muchas ocasiones solemos ser conscientes en menor o mayor grado de cuándo estamos siguiendo una moda, e incluso compramos algo justamente porque sabemos que está de moda, ya que nos satisface o divierte. Si vamos a cazar pokemones a un parque o vestimos determinada prenda, somos conscientes de que estamos siguiendo una moda, y sabemos que es pasajero. Ningún problema puede haber en eso.

En Acuariofilia, al igual que en otros hobbys y disciplinas tan ligadas a la Ciencia, el concepto “moda” puede volverse tan sumamente borroso, que llega a convertirse en indetectable, cuando ciertas tendencias tratan de apoyarse en fundamentos científicos, con intereses que van desde el más puro espíritu acuariófilo, hasta el más simple y llano mercadeo. El condicionamiento al que nos vemos sometidos puede llegar a ser tan intenso, que nuestros gustos dejan de ser nuestros, y pasan a ser los del colectivo. Hemos visto conveniente exponer un ejemplo que resultará bastante gráfico.

La terrible pimienta

Comenzó hace muchos años siendo algo anecdótico, pero hoy en día es uno de los factores clave a la hora de adquirir un pez disco: el terror de que tenga “pimienta” o “azúcar”, que es como normalmente se hace referencia a los puntitos cromáticos oscuros que aparecen en dichos peces provenientes de criaderos. El origen de dichos puntos se encuentra en la enorme hibridación a la que se ve sometida esta especie, en la búsqueda de colores y mosaicos cada vez más llamativos y especiales. En el proceso de cría, las hermosas bandas oscuras que cruzan verticalmente a los ejemplares salvajes de este pez y que aumentan o disminuyen en intensidad según ciertas situaciones de estrés, se van perdiendo debido al cruce y selección genético que se realiza en busca de patrones cada vez más sólidos y sin “errores”. Al principio era normal que muchas personas deseasen tener en sus acuarios un disco amarillo, azul, rojo o blanco, dado que además de bellos eran novedosos y escasos, lo cual automáticamente elevaba el valor de estos y es algo que todos veíamos lógico. En esta fase, la pimienta pasaba mucho más desapercibida, ya que los peces con total ausencia de ésta podían contarse con los dedos de las manos. Por entonces, aunque la mayoría no supiese a qué se debían esos misteriosos puntos, era raro que alguien lo relacionase con problemas. Simplificando: no molestaban.

El asunto se pone interesante cuando pasado el tiempo, y una vez logrados colores mucho más sólidos (y precios más altos), es el mercado el que comienza a moldear nuestros gustos, colando todo tipo de información interesada y de cuestionable o nula veracidad, que termina por ser replicada y repetida ciegamente hasta transformarse en verdad incuestionable. En la era internet esto ocurre de manera espectacularmente rápida. Se termina llegando a la conclusión de que la pimienta es fea, mala y negativa, aunque nadie sabe explicar muy bien por qué. Hasta tal punto llega la sin razón y la respuesta mental automática, que en casos extremos, se llega a la conclusión de que quien adquiera discos con pimienta, ha sido estafado; y quien los vende a un precio demasiado alto, es un estafador, con independencia de que el comprador haya señalado al pez con su dedo y esté encantado con dicha elección y precio. Esto, simple y llanamente, es absurdo. Pero, ¿qué es entonces la pimienta? Pues tal y cómo hemos dejado entrever, no es otra cosa que la reminiscencia de aquellas bandas verticales oscuras anteriormente citadas, que se resisten a desaparecer del todo y que en el proceso de cruce genético pueden acabar apareciendo en cualquier sitio “inesperado”, en forma de puntos desperdigados o acumulaciones de los mismos. Se trata de esa incómoda manía que tiene la Naturaleza de hacer lo que le da la gana sin que podamos adaptarla del todo a nuestros intereses. El mercado, en su afán por lograr una escalera de precios, clasifica los peces y otorga un valor inferior a los que traen pimienta, por ser las “sobras” de un proceso de cría.

Mucha pimienta en la cabeza, o espléndidos reflejos azulados. ¿Qué ves?

Con el tiempo, los discos con pimienta han ido recibiendo cada vez más mala prensa, hasta el punto de temer que sean menos saludables. Si la salud -entendida como facultades físicas óptimas- es lo que nos preocupa, hablemos entonces de salud. Pensemos en un carassius auratus (goldfish, carpín dorado), ¿alguien diría que un “miracielos” o un “telescópico” gozan de mejor vista que un “cometa”? Sin embargo, no nos sorprenderá ver que su precio pueda ser superior, porque esta especie es percibida mayoritariamente como un juguete para niños, o como un pez gracioso, cuyas nuevas deformidades y mutaciones son celebradas con júbilo, sin importar como sean. Del mismo modo que ciertas razas de perro con severos problemas respiratorios son consideradas de alto “pedigree” y por tanto mucho más valoradas en el mercado que un “vulgar chucho” que respira perfectamente. ¿En verdad estamos buscando salud?

Lo que queremos decir no es que unos peces (o perros o lo que sea) sean mejores que otros, sino justamente invitamos a que si estás leyendo esto, seas consciente de tu posible (o probable) condicionamiento a la hora de adquirir un animal. El orgullo hace que no podamos reconocerlo fácilmente (¡tengo mis propios gustos!), pero somos influenciables, ¡vaya que si lo somos! Vamos peligrosamente encaminados a no ser capaces de ver al pez disco como lo que es: un pez. Además de un mosaico de color adecuado, queremos que sea un perfecto círculo, ¡incluso más redondo que en su estado salvaje! Una auténtica ficha del parchís nadando en nuestro acuario. Parece más importante enseñarlo a los demás, que disfrutarlo nosotros. ¿Es presumir lo que queremos? ¿Dónde ha quedado el placer de cuidar a un pez, de lograr percibir que su infinita belleza proviene de su propia existencia y del placer de observar su comportamiento? Y el mayor problema no es que nos obsesionemos con la estética, que al fin y al cabo es respetable según los gustos de cada cual, por muy condicionados que estos puedan estar. El verdadero problema radica en que tarde o temprano, como hemos dicho, se termina ligando la estética a la salud del animal. Comienzan a recetarse todo tipo de milagros o técnicas para “borrar” la pimienta; desde aberrantes baños en productos químicos, hasta consejos tan básicos e inocuos como tratar de evitar situaciones estresantes. Incluso esto último que es tan básico en Acuariofilia y que debería tenerse en cuenta para cualquier especie, parece ser realizado en este caso sin tener la salud del pez como primera motivación, sino para evitar que se active su mimetismo y se haga más intensa la maldita pimienta.

¿El disco perfecto?

Debemos adquirir el pez que realmente nos guste, con el que queramos comprometernos en un proyecto. Lo bonito sale caro, eso es evidente, pero si en verdad compramos lo que nos gusta a nosotros, y olvidamos lo que le gusta a la masa, la tendencia será comprar cada vez más barato. Esto es ley de mercado, por algo tan simple como que las personas son diferentes, pero la masa tiende a pensar como un solo individuo. La duda no es saber si somos o no influenciables, sino en qué grado lo somos. Nadie está a salvo, y quien diga que tiene una opinión totalmente independiente del entorno, se miente a si mismo.

Si jugamos a predecir el futuro, apoyándonos en lo que tantas veces hemos visto, es probable que dentro de un tiempo mucho menor de lo que imaginamos veamos al mercado realizar un giro de 180º. Esto sucederá cuando la “pureza” (palabra detestable y nauseabunda cuando se aplica al físico de una persona, pero muy aceptada cuando se aplica a un animal) de las líneas de hibridación se haya estabilizado lo suficiente como para que la oferta de discos sin pimienta comience a subir dramáticamente, y empiecen a escasear los que sí la tenían. En ese momento el mercado, ese “ente” que todos formamos, tendrá que decidir entre dos opciones: la primera, reducir artificialmente la oferta, antes de que afecte al precio (para los que no sepan en qué mundo viven, téngase en cuenta por ejemplo que cada día se tiran a la basura toneladas de comida humana que no llega a la cadena de distribución para evitar que caiga el precio); y la segunda, dar ese anunciado giro de 180º e intentar poner de moda los discos con pimienta. Ciertas imágenes de ejemplares nos sugieren que esto último ya se está intentando de manera todavía muy discreta. El mercado siempre va uno o dos pasos por delante de nuestra percepción del mismo, pero también deja pistas. Quizá algún día no muy lejano el disco de “calidad” sea aquel que tenga la pimienta donde nos apetezca que la tenga, como si hablásemos de carpas Koi. De ahí a decir que un disco sin pimienta es un disco con tendencia a la enfermedad, podría haber solo un paso. Todo esto puede parecer alocado, pero estos giros se han repetido en múltiples ocasiones en la Historia, y cuesta ser conscientes. En el mercado, lo que hoy es blanco mañana puede ser negro, pero nuestra memoria es escasa. Si vas con la tendencia, pagarás más; y si vas contra tendencia, pagarás menos. Lo importante, en definitiva, es lograr comprar lo que realmente nos gusta y a un precio que consideramos justo, sin importar lo que opinen los demás; pero cuando se está tan condicionado, saber lo que nos gusta es justamente lo más difícil.

Un adefesio…o el futuro “Marlboro Batman”. ¿Qué opinas?

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