Estamos ante uno de los mitos estrella de la Acuariofilia, dado que su veracidad resulta a veces aparentemente incontestable. Son numerosas las personas que han podido comprobar de primera mano como un acuario al que rara vez atienden, conserva sus peces vivos. Meses y meses sin cambiar agua, y los peces “tan tranquilos”. Además, este mito parece doblemente veraz porque va en contra de otro que ya hemos comentado en un artículo anterior, y que te invitamos a leer si no lo has hecho:

MITO III. UN ACUARIO DA UN TRABAJO INMENSO

El mito que hoy nos ocupa, puede quedarse simplemente en lo que ya hemos dicho, o puede verse reforzado con una segunda parte cuyo relato sería algo similar a este: “llevaba como un año sin cambiar agua, si acaso rellenaba un poco la evaporada; pero el otro día se me ocurrió limpiar, y al día siguiente encontré varios peces (o quizá todos) muertos”. La conclusión parece obvia: no hay que tocar el acuario. No obstante, y a pesar de la evidencia, esta conclusión es errónea. Cuando dejamos de realizar mantenimiento a nuestro acuario, las consecuencias futuras son variables y dependerán de una gran cantidad de factores que intentaremos nombrar, aunque probablemente nos dejaremos alguno. También puede variar mucho de un caso a otro, lo que ocurrirá el día que volvamos a realizar un mantenimiento.

Como punto de partida, debemos tener en cuenta que un pez tiene una capacidad prodigiosa para adaptarse a un entorno amigable que se degrada progresivamente, llegando a soportar un agua con parámetros muy alejados de los que aparecen recomendados en las fichas técnicas que podemos encontrar en libros o internet. En ese período de degradación, el número de bajas dependerá de varios factores, siendo quizá el más importante el estado de equilibrio que tenga el acuario justo antes de dejarlo a su suerte. Si la filtración es correcta, los posibles problemas de sobrepoblación se “solucionarán” con algunas bajas, cuyos cadáveres se descompondrán en breve plazo. Incluso en los mayores casos de desastre (peces grandes muertos en acuarios pequeños, filtros averiados durante las vacaciones, etc) es frecuente encontrar peces “inmortales”. No obstante, en este artículo no hablaremos de casos extremos y accidentes, ni tampoco hablaremos de acuarios que ya partían de un mantenimiento desastroso y con una filtración deficiente o nula, cuyo abandono total provocó una masiva muerte de todos o casi todos los habitantes. Hablaremos del caso más frecuente: acuarios maduros con estabilidad biológica que cada vez van recibiendo menos mantenimiento, hasta llegar a ser nulo.

Como norma general, sucederá lo siguiente con los principales parámetros del agua:

pH: su tendencia siempre irá a la baja, salvo que exista algún elemento en el acuario (roca caliza, arena coralina, etc) que ayude a conservar el tampón de alcalinidad o dureza de carbonatos (kH). La razón principal es que parte del CO2 expirado por los peces durante las 24 horas, del expirado por las plantas de noche y del disuelto en el intercambio de gases superficial, se combinará con el agua para formar ácido carbónico (H2CO3), provocando un aumento de acidez.

kH: el carbonato cálcico presente en el agua (CaCO3) reacciona con el ácido carbónico, generando bases químicas como el bicarbonato cálcico, que hacen subir nuevamente el pH. Además, el carbonato proporciona carbono a las bacterias nitrificantes, lo cual asegura una correcta filtración biológica. Sin cambios de agua, y sin que haya ningún elemento del acuario que lo desprenda, el carbonato se terminará agotando, permitiendo una caída abrupta y sin freno del pH, y mermando el proceso de nitrificación bacteriana. Ver acuarios con pH 4 o 5 tras muchos meses de abandono, no es algo que deba sorprendernos.

NH4/NH3: es obligado hablar de forma conjunta de estos dos compuestos, ya que van de la mano. El “amonio enlazado” o simplemente “amonio” (NH4) es prácticamente inocuo, y tiende a conservarse en este estado mientras el pH sea ácido. Sin embargo, el “amonio libre” o “amoniaco” (NH3) es muy tóxico, y comienza a manifestarse en pH alcalino, en mayor concentración según suba este valor. El abandono de nuestro acuario puede suponer, por tanto, un irónico escudo de protección frente al amoniaco. Además, todo el amonio generado será nitrificado al estado de nitrito (NO2) de manera prácticamente instantánea y continua. Las plantas naturales, de estar presentes, también consumirán parte de ese amonio.

NO2: este elemento, también muy tóxico, no depende del pH, es decir, siempre hace daño y por tanto frecuentemente es el más temido por acuaristas. En este caso que estamos suponiendo, el acuario abandonado realizaría el proceso de nitratación de manera estable, y por tanto todo el nitrito sería transformado casi instantáneamente en nitrato (NO3).

NO3: es el resultado de una correcta filtración. Los peces son capaces de adaptarse y sobrevivir con una alta o altísima concentración de nitrato (dependiendo de la especie), en especial si aumenta lentamente. A ello se suman otros factores de interés: si hay plantas naturales, consumirán parte de ese nitrato llegando en algunos casos a poder consumir todo el existente; si hay zonas desoxigenadas en el acuario (frecuentes en arenas o sustratos arcillosos de grano fino que se compactan y no tienen circulación de agua), se asentarán en ellas bacterias anaerobias que descomponen el nitrato. No obstante, esta descomposición generará gases tóxicos que quedarán en principio atrapados sin causar daño.

Como hemos podido ver, el panorama de un acuario que es abandonado a su suerte no parece tan desalentador. Podríamos sentirnos tentados a unirnos al mito y aceptar que lo mejor para tener un acuario con peces vivos, es no atenderlo. Pero veamos ahora la otra cara del asunto. Para empezar, tengamos en cuenta un par de parámetros difícilmente medibles:

Patógenos: el nivel de microorganismos potencialmente peligrosos presentes en un agua estancada va inevitablemente en aumento. Por mucho que mantengamos el agua en movimiento, es agua que no se renueva, y eso la vuelve cada día más insalubre.

Carencia de elementos traza: minerales como el calcio, hierro, magnesio, etc., son necesarios para el correcto funcionamiento del organismo de los peces y para el desarrollo óptimo de los tejidos vegetales. En un agua que no se renueva, estos elementos se terminarán agotando. Peces y plantas tratarán de adaptarse a lo que tienen, pero mostrarán su peor versión.

Pero lo que realmente debe preocuparnos es lo que sucederá el día en el que decidamos intervenir en el acuario, sobre todo si desconocemos la información que hemos comentado. Es frecuente que el mito surja por acuarios que tenían un triste aspecto (pero sus peces vivos), y tras ser sometidos a una generosa limpieza, hubo un desastre total. Las causas pueden haber sido las siguientes:

Realizar un gran cambio de agua: en caso de realizar un gran cambio de agua, motivado quizá por detectar una concentración altísima de nitratos, podemos provocar un problema mucho mayor al del propio nitrato. Tal y como dijimos anteriormente, una subida abrupta de pH, además de poder estresar y enfermar al pez, puede llevar al pH desde un valor muy ácido a uno alcalino, haciendo que el amonio enlazado se convierta en amoniaco. Si además se realiza una limpieza de cristales e incluso del filtro, puede provocar una severa merma en la colonia bacteriana, que no podrá adaptarse a la cantidad de amoniaco hasta pasados varios días. Este panorama en muchas ocasiones deviene en la muerte de varios peces.

Liberación de gases tóxicos: al remover el sustrato, si este se encontraba apelmazado, podremos liberar gases muy nocivos y letales, resultantes del proceso de descomposición anaerobia del nitrato.

Estrés por cambio de parámetros: los peces no llevan nada bien los cambios acentuados y repentinos del agua, aunque sirvan para dejarla en los parámetros más óptimos de sus fichas técnicas. Este estrés, unido a un sistema inmune debilitado, puede provocar enfermedades y muertes.

Limpieza con mucho esmero, cloro y jabón: es muy frecuente encontrarnos con personas que limpian el acuario igual que limpiarían cualquier otro objeto de la casa. Ponen su mejor voluntad, invierten una tarde entera frotando y pasando todas las masas filtrantes por el agua del grifo. Incluso a veces sacan los peces del acuario y los dejan en algún lugar auxiliar mientras extraen el sustrato (normalmente en estos casos se trata de grava decorativa) y lo limpian incluso con jabón, junto con la urna. Una tarea de titanes, una meritoria paliza que será “recompensada” frecuentemente con la muerte de varios peces. En acuariofilia, limpiar equivale principalmente a extraer elementos cuya descomposición genere tóxicos, y esto debe realizarse de la forma menos invasiva posible. Todo lo que tenga que ver con la estética y el agrado a nuestra vista, deberá realizarse con máxima precaución, y por supuesto sin hacer uso de jabones ni agua clorada. Por otro lado, los peces nunca deberían sacarse del acuario, salvo en casos extremos en los que realmente veamos peligrar su vida en el proceso de limpieza (por liberación de gases, por ejemplo). Si la razón de sacarlos es porque consideramos que vamos a estresarlos, es hora de detenerse, ya que esa limpieza que pensamos hacer es probablemente demasiado invasiva.

Entonces, ¿qué hacer si hemos dejado nuestro acuario desatendido durante muchos meses, y queremos volver a tenerlo impecable? Lo primero, evidentemente, es conocer la información explicada en este artículo, que nos deja claro que no podemos desandar en un solo día el mal camino que se ha andado durante meses. Serán buenas formas de actuar, las siguientes:

Realizar pequeños cambios del 10% al 30% del agua, suficientemente espaciados en el tiempo (de 2 a 7 días, según la cantidad de agua).

Sifonar superficialmente aprovechando los cambios de agua, removiendo el sustrato muy poco, especialmente si es fino y tiene apelmazamientos apreciables.

Realizar una limpieza muy ligera del filtro, tirando el perlón si lo hubiese, y enjuagando las masas filtrantes con agua extraída del acuario, nunca con agua clorada; devolviéndolas lo antes posible al filtro. Esta limpieza no debe coincidir con cambios de agua.

Una vez los parámetros se encuentren donde queremos, podremos aumentar la cantidad de agua extraída, y comenzar una rutina de cambios normal (por ejemplo, semanal). También podremos realizar, pasado un tiempo, una limpieza más profunda del filtro, si observamos una bajada de caudal.

Limpiar los cristales en principio es algo que puede realizarse en cualquier momento, pero en este caso sería buena idea posponerlo hasta que el acuario esté estabilizado, para minimizar el estrés en los peces, así como el riesgo de causar algún desequilibrio, por pequeño que sea.

En todo momento, mientras devolvemos el acuario a su estado óptimo, deberíamos tener controlados los parámetros más críticos de este proceso: NH4/NH3, NO2, pH, kH y NO3.

En conclusión: el mito, como siempre, tiene algo de cierto, pero solamente si nos quedamos con la verdad a medias. Los problemas ligados al mantenimiento ocurren por alteraciones importantes, no por el mantenimiento en sí.

Síguenos en Redes Sociales

Artículos Relacionados

MITO V. EL ACUARIO, SI NO LO TOCAS, VA DE LUJO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *