Esta es una de esas cuestiones que aparecen y reaparecen en la actualidad acuariófila, y que a pesar de parecer a primera vista algo sin importancia, adquieren la dimensión de controversia. La diferencia es que lo que hace años era una simple discusión entre amigos, hoy en día con Internet se convierte en una lucha de egos entre aficionados e incluso entre profesionales, que no dudan en verter en las redes todo tipo de descalificativos y desautorizaciones hacia quien no opina de igual manera. Ya tratamos en su día este asunto de manera genérica, en nuestro blog dedicado al EGO. En esta ocasión concretamos más, y nos quedamos con una sola polémica: mojar o no mojar la comida seca.

En alguna ocasión hemos aconsejado en redes sociales a los aficionados humedecer previamente la comida, mostrando cómo ciertos tipos de granos se hinchan de forma considerable al dejarlos en el agua, efecto que puede acarrear problemas digestivos serios especialmente en ciertas especies. Ello podría entenderse como una decantación por nuestra parte hacia la postura que dice que sin duda hay que hidratar la comida seca antes de introducirla en el tanque. Sin embargo, pretendemos estar en constante evolución, en constante aprendizaje, y ello implica que cuando se produce una lucha encarnizada entre dos posturas, entre el blanco y el negro, nos haga pensar que lo correcto es escuchar a ambas partes y tratar de acercarnos lo más posible a lo óptimo y correcto, que seguramente se encuentre entre los tonos grises. Una buena manera de abordar el asunto es analizar las ventajas de cada opción, que implícitamente suponen las desventajas de la opción contraria:

VENTAJAS DE HUMEDECER

  • Minimización casi absoluta de riesgo de constipaciones y atragantamientos.
  • Aumento de la digestibilidad.

VENTAJAS DE NO HUMEDECER

  • Conservación de una mayor cantidad de nutrientes.
  • Menor contaminación del agua.

Realmente no hace falta indicar más ventajas de ninguna de las dos opciones, para de un vistazo darnos cuenta de que elegir de manera extremista una de las dos es un error. Ambas llevan verdad, y por tanto deben ser utilizadas con mesura. Actualmente en nuestra tienda no se humedece el alimento, porque utilizamos muchas variedades de alimento seco, y nos regimos por tres importantes parámetros a la hora de seleccionarlos y administrarlos:

  • Deben ser de la máxima calidad: una escama de calidad alta, además de estar respaldada por una marca de confianza, se rompe y desmenuza con facilidad. Una escama de calidad baja, puede llegar a doblarse y a recuperar su forma inicial, sin romperse. Un grano de alta calidad tiende a caer hacia el fondo rápidamente, mientras que los de menor calidad flotan durante largo tiempo. No son normas absolutas, y hay que cuidar las excepciones (por ejemplo, alimentos diseñados para peces que comen en superficie), pero normalmente nos dan una idea muy aproximada de la facilidad con la que dicho alimento se hidratará simplemente en los pocos segundos que permanece en el agua antes de ser ingerido.
  • Deben tener el tamaño adecuado: especialmente cuando hablamos de granulado, un factor de vital importancia que permite dar la comida seca sin remojar y con un riesgo mínimo, es el tamaño de dicho granulado. Lo más recomendable desde nuestro punto de vista es tomar como referencia la boca del pez, y administrar un grano cuyo diámetro sea aproximadamente la mitad de la misma o algo menos. La tendencia es que subconscientemente tomemos como referencia el tamaño del pez, y nos pasemos.
  • Dar en cantidad adecuada: los peces no deben pasar hambre, ni reventar. La clave está en verles comer siempre que nos sea posible. La experiencia nos irá dando facilidad para ver quién está comiendo de más, y cuando es buen momento para parar. Será buena idea repartir la comida por el tanque, para minimizar el efecto de las jerarquías, y de paso poder observar que todos comen con el apetito adecuado, al tiempo que permitimos que el alimento se hidrate lo suficiente. Cuando estamos empezando con nuestro primer acuario o no conocemos una determinada especie, es mejor pecar de quedarnos cortos, que de pasarnos. Cuando las tiendas indican que hay que dar “una o dos escamas al día”, están tomando la postura más conservadora posible, y lo hacen con la intención de que el aficionado poco a poco vaya tomando la medida a sus peces. No se trata de mantener a tu pez toda su vida con una o dos escamas al día (¡qué hambre!).

CONCLUSIONES

La Acuariofilia ha evolucionado y sigue evolucionando cada día. La calidad de los alimentos, también. Podemos pelear y discutir nuestras posturas anticuadas, o podemos aprender y tratar de usar lo mejor de cada una. Nosotros tenemos clara la elección. Cuando un cliente nos pregunta por el asunto, frecuentemente ya viene con la elección tomada y también frecuentemente se debe a que “el youtuber del canal A me cae como un tiro en el pie, y el del B me parece genial”. Ello nos da que pensar la responsabilidad que todos tenemos (especialmente los profesionales) cuando publicamos algo, sin importar el formato que elegimos para ello. Podemos inducir al error, por culpa de nuestro ego y de nuestra pretensión de poseer una verdad absoluta que choque frontalmente con todo lo que dice la persona con la que hemos decidido rivalizar y a ser posible hundir.

Por nuestra parte, a la hora de responder a la cuestión de marras, tratamos de analizar las principales características de ese cliente, tales como:

  • Peces que conviven en su acuario y sus diferencias de tamaño y voracidad.
  • Tipos de comida que está dispuesto a comprar.
  • Tiempo que puede dedicar a ver cómo comen los peces.
  • Tiempo que puede y quiere dedicar al mantenimiento y limpieza.
  • Experiencia.

Por tanto, sin tener la necesidad de ser “veletas” y de decir lo que cada cliente desea oír según sus simpatías hacia tal youtuber o tal forero, podemos aconsejar en un momento dado que se humedezca la comida, o podemos invitar a que no se haga. La Acuariofilia no es una disciplina de normas absolutas, siempre lo decimos. No debemos ser fanáticos de nadie, especialmente cuando hablamos de blanco y negro; y a la vez debemos observar y razonar por nosotros mismos, según nuestra propia observación (teniendo, eso sí, cuidado con las conclusiones precipitadas y los prejuicios). En definitiva: ¿humedecer o no humedecer el alimento? Lo deseable es no hacerlo, pero hay ocasiones en las que es una interesante medida de seguridad.

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