Hemos entrecomillado la palabra “peligros” en el título de este artículo, porque no es nuestra intención generar ningún tipo de sensacionalismo al referirnos a una técnica de filtración del agua cuyos beneficios están más que contrastados para múltiples usos, además del acuarístico.

Cuando hablamos de peligros, nos referimos al enorme riesgo que conlleva en acuariofilia la utilización de la ósmosis inversa teniendo objetivos como “quitar todo lo malo del agua”, “olvidarte de todos los problemas”, “ahorrar acondicionador”, “bajar el pH”, etc. Es cada vez más extendido el pensamiento de que podemos usar agua de ósmosis sin conocimientos mínimos, y más grave aún, sin realizar analíticas ni controles de ningún tipo.

¿QUÉ ES LA ÓSMOSIS INVERSA?

No vas a encontrar aquí una explicación técnica, puesto que existe generosa bibliografía al respecto, y nos alejaría de lo que realmente queremos tratar en este artículo. Por tanto, resumiremos mucho y diremos que, grosso modo, la ósmosis inversa es vaciar el agua de casi el 100% de sustancias que hay diluidas en ella, quedando un agua de pureza casi total. Y aquí viene el primer problema: la palabra pureza es automáticamente asociada a algo positivo, algo bueno, algo limpio. ¿Quién no invertiría un poco de dinero si a cambio va a tener la mejor agua? Esto es, no obstante, un enorme error. Cuando hablamos de ósmosis inversa, la pureza se refiere únicamente a que el resultado que obtenemos es agua en estado puro, H2O, sin apenas sustancias diluidas. Este agua es totalmente insalubre para los organismos acuáticos, tanto grandes como microscópicos. Por tanto, en este caso, “puro” debemos entenderlo como “sin añadidos”.

UN LIENZO EN BLANCO

Una buena forma de entender qué es el agua proveniente de ósmosis inversa y para qué sirve en acuariofilia, es pensar en un estudio de arte. Supongamos que somos artistas, concretamente pintores. Supongamos también que en nuestros ratos libres realizamos numerosos bocetos de paisajes, puesto que nos gusta salir a pasear por el campo para disfrutar de la Naturaleza, sin dejar de practicar nuestro arte, pintando lo que vemos. Un determinado día un cliente nos pide la realización de una pintura, y se nos ocurre que quizá podamos usar como base alguno de los bocetos realizados en los días de asueto.

En esta analogía, los bocetos serían el agua que sale de nuestro grifo; y lo que pide nuestro cliente, sería el agua que queremos obtener. Dado que en nuestro tiempo libre hemos pintado paisajes naturales, alguno de nuestros bocetos nos servirá de base si el cliente ha pedido por ejemplo la representación de un prado. Tendremos parte del camino hecho. Sin embargo, si nos pide el skyline de Nueva York, lo más fácil será partir de un lienzo en blanco. Ese lienzo vacío, sería el agua de ósmosis inversa.

Si dejamos a un lado el símil artístico, digamos que hay situaciones en las que es útil partir de un agua prácticamente pura o vacía, pues de este modo, usando mediciones y pesajes precisos, podremos añadir las sales en la cantidad justa para obtener el agua que deseamos. Dicho con un ejemplo práctico, si el agua de nuestro grifo es muy dura y queremos montar un acuario amazónico de aguas blandas, puede resultar mucho más económico (en dinero, tiempo y disgustos), partir de un agua ”reseteada” en un equipo de ósmosis, a la cual le añadiremos las pocas sales que necesitamos en este caso, puesto que la opción de reducir la dureza por medio de químicos puede resultar una labor titánica y cara.

LA ADICIÓN DE SALES Y EL AHORRO DE AGUA

Irónicamente, el principal aspecto negativo que percibe el aficionado en el proceso de ósmosis inversa, se convierte indirectamente y en la mayoría de casos en el escudo protector que salva a muchos del desastre en sus acuarios…al menos temporalmente. Algo equivalente a conducir por desconocimiento nuestro vehículo por el carril derecho en Inglaterra, desde el aeropuerto a un cercano pueblo, pero no sufrir daño alguno porque son las 2 de la madrugada y estamos solos en la carretera. Tarde o temprano, nos chocaremos con la realidad (nunca mejor dicho).

El aspecto negativo al que nos referimos, no es otro que el considerable gasto de agua residual que supone obtener agua de ósmosis. Dado que el agua pura se obtiene “lanzándola” a gran presión contra una membrana semipermeable, solo parte de ese agua logra pasar la membrana; mientras que el resto, la que “rebota”, se pierde salvo que logremos darle algún uso, como por ejemplo, regar las plantas. Hoy en día, los mejores equipos desperdician “solamente” un litro por cada litro puro obtenido, pero en equipos económicos y dependiendo de la presión de red, es frecuente que el agua descartada sea el triple o más. Además, la obtención del agua pura no es ni mucho menos inmediata, sino que puede tardar varias horas. Es entonces cuando el aficionado, ávido de obtener un remedio rápido ante este dispendio ecológico, económico y temporal, escucha o lee que se puede mezclar parte del agua del grifo (previamente acondicionada), con agua obtenida en ósmosis inversa, lográndose un agua “suficientemente buena”. Dicho de otra forma, se intenta “no estropear demasiado” el agua pura. En realidad, es al revés. Sin darse cuenta, lo que se está haciendo con esa mezcla es conseguir que el agua pase de ser inhabitable, a ser habitable, puesto que el agua de grifo repondrá parte de las sales que han sido retiradas. Si los cambios de agua son suficientemente frecuentes, el agua puede mantenerse “en el filo de la navaja” antes de que las diversas reacciones químicas que se dan en el acuario terminen por agotar ciertas sales, ya que éstas están siendo repuestas en parte. Por otro lado, hay que recordar que la pureza del agua de ósmosis no es total, y dependiendo del sistema, siempre quedan algunas sales minerales, que suponen otro pequeño escudo protector.

EL CHOQUE CON LA REALIDAD

Tarde o temprano, como ya se ha dicho, llegan los problemas por conducir a ciegas. Pueden ser de diversa índole. Comentemos algunos.

1) Un día decides que tus peces merecen mejor agua, e inviertes más tiempo o incluso más dinero en un equipo de ósmosis inversa más rápido y con menor desperdicio de agua. El uso de agua de grifo pasa a ser cada vez más pequeño e incluso inexistente. La dureza de carbonatos (kH) se desplomará, y con ella el pH. Además, las bacterias que realizan la nitrificación en el acuario, comenzarán a morir por escasear el carbono que necesitan para llevar a cabo este proceso, pudiendo llegar a detenerse casi por completo la filtración biológica. Las consecuencias de quedarnos sin la filtración más importante de nuestro acuario, ya las hemos tratado en este otro artículo.

2) Un día tienes prisa, e introduces más agua del grifo de la normal, siendo desconocedor de que el nivel de dureza actual del agua de tu acuario es muy cercano al cero y el nivel de pH ácido o cercano a neutro te protege de las concentraciones de amonio que empiezan a aparecer, producto de una filtración biológica deficiente. El resultado de esta adición anormal de sales, es una subida abrupta de la dureza temporal y del pH, que puede conllevar liberación de amoniaco letal en caso de una subida por encima de pH 7. Además, en el probable caso de que el agua de grifo usada sea poca comparada con el total del acuario, el tampón de dureza que hizo subir abruptamente el pH, se agotará con la misma rapidez, resultando una nueva caída de este valor. Esta montaña rusa de pH es difícil de soportar por los peces. Cuando ves morir algunos, tu conclusión inmediata puede ser: “el agua del grifo tiene la culpa”, “mi agua de grifo trae algo malo”, etc. En realidad no es así. El error ha sido justamente el contrario: usar “demasiado poca”.

3) Un día empiezas a no soportar el desperdicio de agua residual que supone obtener agua pura a través de ósmosis inversa. Decides comenzar a usar más agua del grifo y/o espaciar más los cambios de agua en el tiempo. Es decir, la modificación de la frecuencia de cambios y de la proporción de sales añadidas no se debe en este caso a parámetros objetivos que estemos controlando, sino que siguen una motivación ética. Por desgracia, el “premio” que recibimos frecuentemente es lo descrito en el punto 2, o alguna de sus variantes. El desequilibrio químico está garantizado.

4) Tu rutina no ha cambiado, haces todo igual que siempre, pero tu acuario empieza a mostrar signos evidentes de degradación. Plantas quebradizas, peces palideciendo y en algunos casos muriendo. ¿Qué sucede? Simple. Realizar la mezcla de aguas o la adición de sales a ciegas o a ojo, sin la realización mínima de analíticas periódicas de control de dureza y pH, hacen que no observemos hacia dónde va nuestro sistema de cambios de agua, y no podamos efectuar las correcciones oportunas a tiempo. En este caso, incluso aunque sepamos todo sobre ósmosis inversa, tendremos problemas si automatizamos en exceso nuestra rutina, dando por sentado que se mantendrá estable en el tiempo. Es prácticamente imposible que podamos tener en cuenta todos los factores variables que intervienen en el agua que obtenemos, factores tales como: presión de red, estado de saturación de los cartuchos y membrana, porcentajes de mezcla en el agua nueva, cantidad de agua retirada del acuario, oligoelementos presentes, etc. No somos perfectos, y realizar analíticas nos permite reconducir la situación antes de llegar a un punto sin retorno.

CONCLUSIONES

El agua de ósmosis inversa, bien usada, es un poderoso aliado a la hora de obtener el tipo de agua que queremos. No obstante, su uso debe ser justificado. Comprar un equipo de ósmosis no te permite olvidarte de todo, más bien te obliga a tener en cuenta todo. Asumes el trabajo de la empresa de aguas de tu región, y te conviertes en el encargado de ajustar todos los valores. Si el agua de tu grifo es suficientemente parecida a lo que necesitan los peces y plantas que quieres mantener, la mejor opción será usar ese agua realizando el mínimo acondicionamiento o ajustes necesarios. Aunque, claro está, esto no te exime de la necesidad de realizar analíticas periódicas de los valores críticos que sostienen tu pequeño ecosistema.

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