La filtración más importante del acuario, es a su vez la más desconocida. Los usuarios normalmente buscan agua cristalina, como síntoma de salubridad y buen estado del agua. Y no se equivocan. El error está en pensar que el filtro del acuario realiza esta función solamente de manera física, atrapando mecánicamente todo tipo de suciedad y tóxicos en sus cargas filtrantes, y reteniéndolos allí a buen recaudo hasta que lo limpiemos en el mantenimiento. Es un pensamiento natural, intuitivo y lógico, por lo que es normal que la mayoría de poseedores de un acuario, laven sus filtros con esmero, con agua clorada, e incluso con jabones. Podría llegar a ser cierto que el filtro atrapa todos los tóxicos físicamente, si las cargas filtrantes fuesen minerales con propiedades adsortivas amoniacales, como las zeolitas. Pero cuando abrimos 99 de cada 100 filtros, ¿qué encontramos? Una esponja.

Con suerte, puede que encontremos algo de cerámica porosa o piedra pómez, aunque es frecuente que su propietario no sepa realmente por qué está allí, ya que venía con el equipamiento del filtro.

Ya hemos hablado del ciclo del nitrógeno en otro artículo, y de la importancia de la filtración biológica en nuestro acuario, por tanto no entraremos a explicarla en profundidad. Lo que sí queremos es hacer notar un problema que estamos percibiendo incluso entre aficionados con una cierta experiencia, que no es otro que la confusión sobre la cantidad de superficie de asentamiento óptima para bacterias en el filtro de nuestro acuario, o dicho de otra forma, la cantidad de material poroso que debemos poner. La respuesta es simple: el máximo posible.

Evidentemente, no se trata de sobredimensionar la filtración de manera absurda, sino de aprovechar lo que podamos permitirnos, de manera lo más óptima posible. Intentaremos explicar esto, a partir de las falacias que hemos detectado:

Falacia 1: Las bacterias nitrificantes solo están en el filtro.

Falso. La filtración biológica se produce en toda la urna del acuario, no solamente en el filtro. Esto se debe a que, especialmente en acuarios jóvenes, las bacterias se encuentran desperdigadas por todas las superficies del acuario, y en el propio agua. Cierto es que estas bacterias son fotofóbicas y pueden morir en presencia de luz UV, pero en nuestro acuario esa parte del espectro electromagnético no existe, salvo que instalemos una lámpara específica a través de la cual hagamos pasar el agua. Con el tiempo, con el paso repetitivo del agua a través del filtro, es muy probable (y deseable) que las cargas del mismo terminen repletas de bacterias, si reciben un correcto mantenimiento. Cuantas más bacterias logremos asentar en el filtro, tanto mejor; pero de inicio, tras un ciclado, no se puede considerar que un filtro esté maduro, ni mucho menos.

Falacia 2: Lo importante es el litraje del acuario. Una vez tengas el material biológico indicado para ese litraje, todo el que pongas será sobrante y tirarás el dinero porque ni una sola bacteria más va a asentarse.

Esto es una media verdad. Es cierto que con un puñado de material poroso de alta calidad, podemos llegar a cubrir las necesidades de un acuario de 200 a 400 litros con una buena cantidad de peces, siempre y cuando esas cargas tengan una colonia bacteriana bien asentada. Es cierto que dicha colonia crece y mengua según recursos, y que por poner mucho material de asentamiento no vamos a conseguir un mayor número total de bacterias dentro del acuario, pero sin embargo aumentaremos nuestra probabilidad de que se asienten en el filtro. Nos da igual que las bacterias estén apelotonadas o dispersas, siempre y cuando logremos asentar el mayor número posible en el filtro. Por tanto, optimizar lo máximo posible la superficie de asentamiento biológico de nuestros filtros, tanto en cantidad como en calidad, es una muy buena decisión.

Falacia 3: Tras hacer el ciclado, ya nunca jamás habrá amonio ni nitrito, y por tanto puedes olvidarte de ellos.

Esta tremenda falacia es usada frecuentemente para advertir a los nuevos aficionados sobre las malvadas tiendas, que tratamos de vender todo tipo de productos para realizar analíticas de agua. ¡Qué nos detengan! Ni siquiera puede considerarse una media verdad, porque es mentira. El amonio y el nitrito siempre están y estarán presentes en el agua. La razón es simple: el ciclo del nitrógeno no se detiene nunca. Lo que conseguimos en un acuario maduro, es que las bacterias presentes oxiden estos tóxicos nitrogenados lo suficientemente rápido para que su concentración no llegue a ser tóxica, especialmente si nos ayudamos de un filtro, cuya bomba fuerza el paso de toda el agua del acuario a través de él, recomendablemente al menos de 3 a 5 veces cada hora.

LA CONFUSIÓN DE LOS “PICOS”

En nuestra opinión, este término está causando más problemas que beneficios. Muchos aficionados hablan de “picos” para referirse normalmente a una concentración muy tóxica de amonio o nitrito en su acuario, fácilmente detectable con cualquier test comercial, superando en ocasiones incluso el color más alto de la escala medible. En estas ocasiones, no se trata propiamente de un pico, sino de una mala filtración biológica, ya sea por una deficiente configuración del filtro o un incorrecto mantenimiento. Simplemente, la colonia bacteriana está muy por debajo de lo que el acuario necesita. Eso, como decimos, no es un pico, sino un problema grave generalizado que proviene de algo que se ha estado haciendo mal desde el principio, o quizá de alguna acción que ha causado mucho daño.

Lo que debemos entender como “picos” es todo aquel evento que comprometa una filtración que hasta ese momento era óptima. Si introducimos muchos peces a la vez, probablemente tengamos un pico de amonio y posteriormente de nitrito, que probablemente no detectemos porque los peces no han muerto, pero a buen seguro no les ha agradado. Otras acciones, como limpiezas exhaustivas, sobrealimentación, uso de lámparas UV en acuarios muy jóvenes, o grandes cambios de agua, pueden generar estos picos, breves y difícilmente detectables, porque la colonia bacteriana tenderá a recuperarse rápidamente, pero que sumados en el tiempo, pueden llegar a causar la enfermedad de nuestros peces.

Por tanto, y siendo conscientes de la reiteración, aconsejamos profundamente la mejor filtración biológica que razonablemente podamos proporcionar a nuestro acuario, unido a un mantenimiento lo menos invasivo posible, para que los inevitables picos de tóxicos, sean tan ínfimos, que nuestros peces realmente no los noten en absoluto.

Síguenos en Redes Sociales
FILTRACIÓN II. LA IMPORTANCIA DE LA FILTRACIÓN BIOLÓGICA, Y SUS MITOS
Etiquetado en:                    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *