Hoy en día, con la evolución de los productos que se ofrecen para Acuariofilia, podemos encontrar kits de test para medir prácticamente todos los parámetros que afectan a la calidad del agua, o mejor dicho, todos los parámetros químicos. Existe uno que no puede medirse, y que puede llegar a convertirse sin duda en el peor de todos, en uno que puede llevarnos al desastre en el acuario: el ego.

En la Era de la Información, con Internet totalmente inmersa en nuestro día a día, el exceso de ego cada vez resulta más evidente en muchas disciplinas, y la Acuariofilia por desgracia tampoco se salva. El refrán “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, adquiere toda su dimensión en el mundo ultraconectado en el que vivimos. En este artículo simplemente hablaremos de la actitud que consideramos más recomendable en estos tiempos, sin entrar en detalles ni ejemplos con los que alguien pueda darse por aludido.

La Acuariofilia es una disciplina experimental. Eso significa que para poder asegurar algo, no basta con alardear de 10, 20 o 50 años “teniendo acuarios”. El método científico tiene un estricto sistema de comprobación antes de dar algo por sentado y pasarlo de teoría a ley. Alguno podrá decir que nos estamos llevando el asunto a un extremo, ya que esto es una afición y aquí no somos científicos. Entonces, si no somos científicos, no deberíamos hablar como si lo fuésemos, asegurando que algo es cierto porque lo hemos visto pasar en nuestra casa, o mejor dicho, porque nos ha parecido verlo. La humildad no es un argumento para poner sobre la mesa cuando nos interesa, sino una actitud general que implica el reconocimiento de que no lo sabemos todo; más bien muy poco o nada.

Veamos el lado bueno. En Internet existe un elenco de buenos aficionados que aportan conocimientos dejando muy claro que solo es su experiencia e interpretación unidas a conocimiento adquirido de diversas fuentes, sin pavonearse con galones con los que falazmente pretendan convertir su opinión en más respetable que la del resto. Tener una serie de seguidores que te ven o te leen, no significa que sepas más que ellos (¡aunque tengas muchísimos!). Parece que algo tan simple como esto es olvidado por aquellos cuyo ego se ha desmedido.

Cada vez con mayor frecuencia vemos estériles y encarnizados debates donde aficionados e incluso profesionales se lanzan los trastos a la cabeza por asegurar que algo es blanco mientras que el otro asegura que es negro. ¿Dónde queda el sentido común? Pretender tener toda la razón en un asunto, es el clímax del ego, que provoca que busquemos hasta debajo de las piedras argumentos que sirvan para “demostrar” que lo que decimos es cierto, mientras que lo que dice el otro no vale nada. En Acuariofilia hay muy pocos blancos o negros, más bien hay una gran colección de escalas de grises, y un gran nubarrón de desconocimiento que todos compartimos. ¿Cuánto dinero de los presupuestos generales de los diversos países es destinado anualmente a investigar el equilibrio en un acuario? Se nos ocurre una cifra muy cercana al cero. Por ello debemos apoyarnos en estudios de Biología, Química, Botánica, etc, que sin estar dedicados directamente a los acuarios, puedan no obstante arrojar algo de luz; así como en los experimentos privados de grandes acuaristas, que suelen ser precisamente los que menos se prodigan en redes sociales, y mucho menos para faltar el respeto a alguien o para decir que saben más. Es fácil sacarse de la manga un porcentaje de cambio de agua, una dosis, una receta, un remedio, una causa. Es fascinante ver como a partir de un síntoma que puede ser indicativo de una veintena de enfermedades (o de ninguna), rápidamente algunos recomiendan el remedio y medicamento exacto, algo con lo que hasta los mejores veterinarios sueñan. Errar está mal visto, y decir que no sabes, peor aún. Y así van los acuarios. Dando tumbos entre consejo y consejo, con el aficionado como mero espectador de lo que otros dicen que haga con su acuario. No nos podemos permitir esto en la Era de la Información. Un mínimo contraste de ideas ajenas, es obligado; y un estudio propio, es deseable. No se trata de ser científico, se trata de apuntar lo que haces (si es exhaustivamente, mejor), y tarde o temprano poder contrastar tu propia opinión y experiencia, con la de otros (¡pero sin convertirte en un nuevo gurú!).

Si de verdad queremos ayudar a quien empieza, dejémosle claro que nosotros seguimos aprendiendo, no como un “postureo” humilde, sino como una realidad responsable. Si alguien lleva muchos años con acuarios, tenderá a tener más razón en muchos temas, siempre y cuando haya usado ese tiempo para humildemente aprender, y no para perpetuarse en sus errores y falacias. Frases como “pues yo llevo veinte años teniendo goldfish y siempre me han durado un montón, 3 o 4 años”, son representativas de lo que significa acumular años sin que sirvan para haber aprendido absolutamente nada. Pretender aplastar la opinión de otro por medio de los años de experiencia, es un recurso bastante pobre. Toda opinión es interesante si proviene de un correcto estudio y una correcta interpretación. De hecho, son las ideas frescas y nuevas las que hacen avanzar a la ciencia, no las verdades compartidas ciegamente, que terminan siendo refutadas. Lo correcto desde nuestro punto de vista, es ver las opiniones de todos, de los que nos caen bien, y de los que nos caen menos bien, porque sabemos que seguramente todos digan algo de interés (incluso cuando viene acompañado de descalificativos e insultos graves). Pretender que quien nos cae bien es quien tiene toda la verdad, es una gran equivocación.

La única verdad absoluta que nos atreveríamos a decir hoy en día en Acuariofilia, es la siguiente: cada acuario es diferente. Esto es tan decepcionante como estimulante. Con esto no queremos decir que en un acuario la química se comporte de una manera diferente a como se comporta en otro, o que las algas prosperen en el acuario que les apetece, siguiendo un misterioso azar. Lo que realmente queremos hacer ver es que la cantidad de parámetros y factores que intervienen en el estado de nuestro acuario, y no digamos ya de nuestros peces, es inabarcable y por supuesto escapa a nuestra percepción. Es frecuente que incluso habiendo logrado superar un problema en nuestro pequeño ecosistema acuático, nos equivoquemos en las conclusiones a las que llegamos. Cuando interpretamos lo que vemos, siempre estamos más cerca del error que del acierto, porque la verdad es una, mientras que los posibles errores de interpretación son muchos. Por nuestra parte intentamos asesorar a las personas recomendando acciones que han demostrado que realizadas con constancia tienden a mantener una alta salubridad en el acuario, pero ninguna verdad absoluta podremos decir, ya que no existen. Debería resultar estimulante, como decimos, porque todos podemos aportar conocimiento y observación, porque tenemos un acuario diferente al de todos. Así es como crece una disciplina, no con disputas de ego.

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EL EGO
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