Abordamos en esta ocasión una pregunta que frecuentemente nos realizan, desde los menos iniciados hasta los que ya tienen una importante experiencia manteniendo acuarios. ¿Cómo aceleramos el ciclado? Para los que ya nos conocéis, sabéis que la respuesta corta e inmediata sería: no hace falta acelerarlo. La Naturaleza te hace un enorme regalo: garantizarte que solo con esperar 3 o 4 semanas, el acuario habrá generado una actividad bacteriana suficiente como para tener una gran probabilidad de tener éxito con nuestros primeros peces. Peor sería que el ciclo de oxidación de amonio y nitrito no existiese, o que lo formasen bacterias cuya tasa de multiplicación fuese muy baja y lenta. Dependeríamos enteramente de resinas y adsorbentes químicos, que habría que vigilar de cerca, sin despistes, y con una analítica casi diaria del agua. Es un gran regalo, como decimos, puesto que lo lógico es que si un animal come y defeca en un entorno cerrado, enferme o muera en un breve plazo. Sin embargo, cuando comentamos a nuestros nuevos clientes que solamente hay que esperar 3 semanas, normalmente la reacción es un enorme suspiro de frustración (venían a por peces y resulta que se pueden llevar todo menos los peces), y en no pocas ocasiones se nos pide cualquier remedio para evitarlo, aunque más frecuente aún es que perdamos la venta del acuario y de los peces. No es que nos guste perder ventas o queramos ganar un premio a la honradez; simplemente buscamos clientes que se queden con nosotros mucho tiempo, porque sus acuarios están estables.

No obstante, nos parece lícito que un acuarista intente ganar unos días o incluso una o dos semanas al proceso de ciclado, siempre y cuando lo haga con un exhaustivo control, dejando que la noble acción de rezar quede reservada para otros asuntos. Analicemos las maneras más conocidas de hacerlo. Lo primero que debemos tener en cuenta respecto a los métodos que comentaremos, es que esto es teoría. No queremos con ello decir que la práctica vaya a ser diferente, pero sí es probable que los resultados y la percepción de los mismos varíen mucho de un hogar a otro. Podremos escuchar a una persona decir que cicló un acuario en dos días “con un puñado de canutillos”, mientras que otra asegura que haga lo que haga, su acuario tiene amonio y nitrito. Seguramente ambos tienen razón. Acelerar el ciclado no es una ciencia exacta, porque no trabajaremos con factores exactos, sino muy variables.

MÉTODO 1. COLOCAR UN FILTRO “MADURO” JUNTO A UNO NUEVO

Entrecomillamos la palabra “maduro”, por lo relativa que resulta. Si damos por cierta la premisa de que no hay dos acuarios iguales, no digamos ya si nos referimos a sus filtros. Frecuentemente se confunde el ciclado del acuario con la maduración del filtro, y aunque se nutren de un mismo concepto, son muy diferentes. Cuando hablamos de ciclado del acuario, nos referimos a que dentro del mismo se generan colonias bacterianas que degradan los tóxicos nitrogenados con suficiente rapidez para no ser medibles con un test comercial. No nos estamos parando a pensar dónde están asentadas las bacterias. Decir por tanto que tras un mes “se ha ciclado el filtro” es un error garrafal. De hecho, el filtro está prácticamente estéril tras un mes. Es el acuario entero el que degrada los tóxicos, mientras que la principal aportación del filtro en ese momento es el movimiento del agua y la oxigenación de la misma, vital para el proceso de nitrificación bacteriana. Solo el paso de varios meses, de nacimiento y muerte constante de bacterias, hará que nuestro filtro cada vez tenga más bacterias, por pura probabilidad. Tampoco estamos diciendo que quitando el filtro en una urna recién ciclada todo iría de perlas, ya que por muy pocas bacterias que éste tenga en comparación con el resto del acuario, sí que dispone de una bomba que fuerza el paso constante del agua a través de sus materiales porosos, lo cual le convierte desde el inicio en el elemento filtrante más rápido y proporcionalmente con mejor rendimiento. En urnas desnudas o de cría, sin elementos decorativos ni sustrato, es muy probable que el filtro tenga gran presencia bacteriana desde el principio, pero aún así debemos considerarlo joven. En acuarios con elementos decorativos, debemos tener claro que es muy probable que la mayor parte de nuestra colonia bacteriana se encuentre en el sustrato, plantas, troncos, rocas, cristales, y en el propio agua.

Pero vayamos a la cuestión que da nombre a este apartado. Es importante tener clara la anterior premisa antes de colocar un filtro antiguo (que ha estado en otro acuario hasta ese mismo momento) junto a uno nuevo. Lo primero que debemos tener en cuenta es que el filtro antiguo, especialmente si tiene muchas bacterias asentadas, no va a ser un simple “apoyo”, sino que de hecho va a ser el elemento central de la filtración del acuario nuevo durante un importante tiempo, incluso aunque ese filtro sea muy pequeño respecto al volumen del nuevo acuario. Por tanto, cuando se colocan dos filtros con el objetivo de acelerar o directamente saltar el ciclado, no debe hacerse nunca con la idea de quitar el filtro antiguo tras 3-4 semanas. Recordemos que no estamos ciclando el nuevo filtro, sino el nuevo acuario, y al incluir un filtro antiguo con una gran colonia bacteriana, es probable que al quitarlo en el plazo de solo unas semanas, eliminemos del acuario gran parte de la filtración biológica. Ambos filtros deberían coexistir por plazo de varios meses. Si además resulta que el antiguo filtro es de igual capacidad filtrante que el nuevo, deberemos extremar aún más la precaución, ya que es probable que la colonia bacteriana en el resto del acuario y en el filtro nuevo sea muy escasa en los primeros meses.

PROS:

  • Evita la manipulación de las cargas filtrantes antiguas. Mudamos el filtro entero.
  • Disponemos de dos bombas moviendo y oxigenando el agua.

CONTRAS:

  • Debemos permanecer largo tiempo con dos filtros, lo que estéticamente nos puede suponer un problema.
  • Dejamos “coja” la filtración biológica del acuario antiguo, en caso de que vayamos a continuar con él.
  • Al no estar los materiales filtrantes antiguos y nuevos en contacto, la expansión bacteriana será más lenta, y al quitar el filtro antiguo tendremos una fase de riesgo importante de picos de amonio.
  • No sabemos la cantidad de bacterias que realmente hay asentadas en el filtro antiguo.
  • Tenemos que proporcionar algún tipo de comida a las bacterias introducidas, o habrá alta mortalidad de las mismas en un acuario que es casi estéril.   

MÉTODO 2. COLOCAR MATERIAL FILTRANTE DE UN FILTRO “MADURO” EN UNO NUEVO

Sin duda, este método nos resulta más aconsejable que el anterior, siempre y cuando tengamos precaución de no dejar “coja” la filtración biológica del acuario antiguo. En caso de que tengamos un nuevo acuario y vayamos a descartar el antiguo, podremos usar en el nuevo filtro todo el material poroso del antiguo, extremando la precaución para que dicho cambiazo se haga rápidamente, con el agua del nuevo acuario perfectamente declorada, y habiendo tenido apagado y tapado el filtro antiguo el mínimo tiempo posible.

PROS:

  • El filtro nuevo pasa a tener bacterias asentadas desde el inicio, que tenderán a colonizar fácilmente, por expansión, el material poroso virgen.
  • Solo tenemos un filtro en el acuario. Menor impacto estético.
  • No tendremos riesgo de hacer cojear la filtración biológica en el futuro, ya que no habrá que quitar ningún filtro.

CONTRAS:

  • Debemos manipular las cargas filtrantes, con el consiguiente riesgo de impactar en sus colonias bacterianas.
  • Podemos dejar “coja” la filtración del acuario antiguo, sobre todo si el filtro estaba muy maduro.
  • No sabemos la cantidad real de bacterias asentadas que hay en las masas filtrantes usadas que estamos incluyendo.
  • Tenemos que proporcionar algún tipo de comida a las bacterias introducidas, o habrá alta mortalidad de las mismas en un acuario que es casi estéril.

MÉTODO 3. UTILIZAR CONCENTRADOS BACTERIANOS

Este método es el más fácil. Utilizando concentrados bacterianos de alta calidad, añadiremos directamente una enorme cantidad de bacterias vivas en el agua.

PROS:

  • No hace falta que tengamos filtro antiguo, ni hace falta manipularlo si lo tenemos.
  • Gran comodidad.
  • Tenemos la garantía de estar incluyendo en el acuario una gran cantidad de bacterias vivas, sin las dudas que nos surgen en los dos anteriores métodos ya comentados.

CONTRAS:

  • Especialmente si usamos concentrados muy económicos o de marcas de calidad discutible, no tenemos garantía de que éstos estén en buen estado, y podemos estar echando bacterias muertas (y por tanto, materia en descomposición) dentro del acuario. Justo lo contrario que buscamos.
  • Incluso los mejores concentrados necesitan un mínimo asentamiento de sus bacterias para que puedan expandirse óptimamente y permanecer estables. Al vagar por el agua, existe riesgo de que las bacterias mueran por inanición, por incidencia de luz solar directa, de lámparas UV, etc.
  • Los concentrados tienen una enorme cantidad de bacterias, que frecuentemente encuentran poca “comida” en nuestro acuario. Si no les procuramos compuestos nitrogenados, muchas morirán, aunque su descomposición podrá servir como comida a otras.
  • Tenemos que proporcionar algún tipo de comida a las bacterias introducidas, o habrá alta mortalidad de las mismas en un acuario que es casi estéril.

METODO 4. ECHAR AMONIO

Este método, realizado con sumo cuidado, nos podrá ahorrar entre 1 y 2 semanas de ciclado, puesto que arrancamos el ciclo biológico desde el primer minuto. Con amonio presente en cantidades importantes, la actividad bacteriana se activará con rapidez, sobre todo si lo acompañamos de alguno de los concentrados comentados en el anterior método. No obstante, debe realizarse con sumo cuidado. Existen en el mercado activadores bacterianos, que suelen incluir amonio y nitrito en dosis adecuadas para sus complejos bacterianos asociados.

PROS:

  • Ahorro casi matemático de 1 a 2 semanas de ciclado.
  • Es combinable con los tres métodos anteriores, ya que estaríamos alimentando a la primera cepa bacteriana, que rápidamente aportaría alimento a la segunda, en forma de nitrito. La mortalidad de bacterias será mucho más baja.

CONTRAS:

  • El amonio debe ser de pureza absoluta (sin detergentes, perfumes, etc), y su dosificación muy pequeña y bien calculada. No vale echar un amoniaco cualquiera del supermercado, en las cantidades que queramos.
  • Lo mejor es usar agua de un acuario que haya generado amonio, pero es muy poco probable que dispongamos de ella por medio de algún amigo o de nosotros mismos, y justamente lo que queremos es no esperar a que se genere.

METODO 5. COLOCAR SUSTRATO Y DECORACIÓN DE UN ACUARIO ANTIGUO

Este método resulta bastante interesante, ya que un sustrato bien oxigenado alberga una enorme cantidad de bacterias. En menor medida, también pueden ayudar elementos decorativos que sean trasladados con rapidez al nuevo acuario.

PROS:

  • Introducimos un gran número de bacterias, ya asentadas.
  • Es combinable con los métodos anteriores.

CONTRAS:

  • Riesgo de incluir patógenos del antiguo acuario.
  • La labor de traslado de sustrato puede resultar especialmente engorrosa, y exige que se desmonte el acuario antiguo.
  • Tenemos que proporcionar algún tipo de comida a las bacterias introducidas, o habrá alta mortalidad de las mismas en un acuario que es casi estéril.

METODO 6. CICLAR CON “ALGÚN PEQUEÑO PECECILLO” O CON PECES RESISTENTES

Este método debemos nombrarlo, porque existe, porque por desgracia es altamente utilizado, y porque no nombrarlo podría llevar a pensar que nos lo hemos olvidado. Queremos dejar clara nuestra opinión.

No se trata de querer imponer algún tipo de autoridad ética o moral. Simplemente, el hecho de someter un pez al ciclado, va contra el principio más básico de la acuariofilia, que consiste en recrear un entorno natural habitable para las especies que albergamos en él. Pero es que incluso dejando eso a un lado, y hablando de manera fría y sin sentimientos, un pequeño pez apenas puede proporcionar actividad biológica suficiente para acelerar el ciclado. Si de verdad queremos acelerarlo de manera notable, deberemos meter varios peces de cierto calibre que raṕidamente generen una alta concentración de amonio. Algunos, conocedores de esta realidad, optan por usar carpines dorados (goldfish), un pez que tiene la fama de ser bastante resistente. Esto nos parece una majadería. En realidad, el aliciente de los peces “resistentes”, es que suelen ser muy baratos. No hablemos por tanto de peces resistentes, eufemismo para evitar describirlos como peces prescindibles. Uno de los peces más resistentes de la acuariofilia es el pez disco; no obstante no paramos de oír que tener peces disco es como tener copas de cristal, cuando el verdadero problema es su precio.

Si lo que queremos es poner peces para ciclar, realmente podemos poner prácticamente cualquiera. Superar un mes de ciclado sin morir, no es una “rara avis”, ni un expediente X, ni algo digno de salir en revistas o noticieros. Es, de hecho, bastante probable. Los peces tienen la curiosa manía de intentar permanecer vivos, manía que comparten con el resto de seres vivos. Pero es también muy probable que el ciclado les haga arrastrar secuelas y les haga enfermar incluso meses después, cuando ya consideramos que nuestro acuario está estable. Cuando enferme o muera, diremos que el agua está perfecta y que no entendemos nada. Es muy frecuente que esto ocurra. Un agua sin tóxicos efectivamente no suele hacer enfermar a un pez; pero el estrés de 2-3 semanas nadando entre tóxicos y un sistema inmune disminuido, sí.

Existe la opción de ciclar “correctamente” con peces, pero requiere un esfuerzo que pocos están dispuestos a asumir. Consiste básicamente en realizar exhaustivas analíticas de agua cada poco tiempo, y realizar cambios parciales de agua necesarios para mantener en concentraciones no medibles el amonio y el nitrito. Esto significa cambios de agua diarios. Se trata de evacuar el exceso de tóxicos, dejando solamente lo justo para que las bacterias puedan ir multiplicándose. Evidentemente, estaremos alargando considerablemente el tiempo de estabilización biológica, puesto que cuando sacamos agua, sacamos también bacterias. Pero mientras mantengamos el agua al mínimo de tóxicos, estaremos cumpliendo con nuestros peces, aunque sea a costa de asumir nosotros la tarea de la filtración.

PROS:

  • Podremos tener peces desde el primer minuto.

CONTRAS:

  • Podremos tener problemas desde el primer minuto, y aunque no sea así, probablemente los tengamos después.
  • Es muy poco combinable con los métodos anteriores, ya que al usar al pez como un generador de amonio, su producción es muy limitada y habrá alta mortalidad bacteriana. Si queremos “mejorar” esto, podemos introducir muchos peces, pero entonces ya no estamos acelerando el ciclado, simplemente nos lo habremos saltado. Apenas habremos ganado una semana al haber acelerado la aparición de amonio, algo que equivale a usar el método 4, pero de malas maneras.
  • Si ciclamos “correctamente” con peces, tendremos que hacer numerosos cambios de agua que podríamos habernos ahorrado.
  • No estaremos poniendo en práctica una característica básica en acuariofilia: la paciencia. Si corremos en el ciclado, correremos en todo lo demás, y el acuario se vendrá abajo más pronto que tarde.

CONCLUSIONES

En nuestra opinión, es totalmente lícito tratar de acelerar el ciclado, activando biológicamente el acuario desde su comienzo. No obstante, creemos que la clave está en cuál es nuestra motivación para hacerlo. Obviamente es agradable esperar menos para poder tener peces, pero si queremos introducirlos desde el primer día, entraremos en terreno resbaladizo, donde nos tocará rezar. Es mucho más enriquecedor (y divertido) intentar aprender con lo que hacemos, tratando de ejercer cierto control sobre los ciclos naturales, lo cual además nos hará ganar seguridad y responsabilidad. Cualquiera de los cinco primeros métodos es interesante, si nos comprometemos a realizar analíticas del agua para mantener bajo control lo que está realmente ocurriendo en el acuario, y no nos conformamos con suponer.

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¿CÓMO ACELERO EL CICLADO?

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